¿Qué tiene de nuevo lo radical? Preparados para responder ante la destrucción con construcción.


¿Estábamos preparados? ¿Estaba preparado el gobierno?, ¿los partidos políticos, el ejército? ¿La ciudadanía? ¿Da lo mismo estar preparados o no estarlo? 

Si no estábamos preparados ¿cuanto tiempo más habría de tomar prepararnos?

Prepararnos es planear y desencadenar un conjunto de respuestas que reduzcan los

efectos indeseables de la decisión de un grupo 3 líderes de la extinta guerrilla de las

FARC EP. 


Había unos más preparados que otros, había algunos presionando la ruptura, incluso

apostándole. Ahora, en cierto sentido no ha pasado nada, lo que se dio hoy fue una

oficialización de la posición de un grupo pequeño y extremo.

La declaración es un intento de darle fuerza política a algo que no la tiene o la tiene muy

limitada. Es mayor la decisión, la fuerza política y ciudadana, de los que hoy creen y

siguen construyendo la paz. 


Por un efecto de contraste, las posiciones extremas tienen un potencial muy grande.

Producen emociones fuertes que no siempre se desvanecen rápidamente. Costosamente hemos aprendido -y seguimos aprendiendo- que acordar la paz es mucho más costoso que declarar la guerra.  


La radicalización de los que se radicalizaron hoy, estaba más que anunciada, no

deberíamos sorprendernos tanto sino entenderlo como la expresión del desgaste político de las posiciones extremas. ¿Intenta resurgir la justificación política del secuestro y la extorsión? ¿En este contexto qué puede hacer cada uno de nosotros?


Mucho y estaría en nuestras manos: renunciar a la propia violencia, es decir optar por ser uno mismo ciudadano. Ciudadano capaz de convivir entre desconocidos y diferentes. Ciudadano capaz desde respetar la vida propia y ajena, no matar, hasta ayudar a otro a cruzar la calle. Apoyar a cada colombiano que en los últimos 10 años acogió esta misma opción: la vida primero.


El máximo logro es el de los 13,023 colombianos que dieron el paso hacia la

reincorporación. El error no ha sido el Acuerdo de Paz, ni el desarme, ni la

reincorporación. El error ha sido no dar todos, ciudadanos, excombatientes, partidos

políticos, empresarios, el mismo paso, al mismo tiempo.


Cuando se firmó el Acuerdo, se reconoció que había sido el mejor Acuerdo posible y que su implementación iba a ser aún más difícil. El anuncio de hoy, es en ese sentido, la

expresión de esa dificultad anticipada. Ante la pugnacidad de las posiciones extremas

nuestra respuesta sistemática ha de ser contra la destrucción, construcción.

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